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Bosch GWS 7-125 (125 mm, 720 W)
El estándar de 125 mm en su versión más manejable: 720 W, agarre estrecho y el catálogo de discos más amplio del mercado. Es la amoladora que resuelve el 90 % de lo que aparece en una casa sin pasarse de peso. Valoración media de 4,7 sobre más de 21.000 opiniones.
La amoladora es la herramienta más versátil y más peligrosa del taller de casa, y la que peor se compra. Casi todo el mundo la elige por vatios, cuando el número que decide lo que vas a poder hacer con ella es otro: el diámetro del disco. Una máquina de 115 mm y otra de 230 mm no son la misma herramienta con distinto tamaño; son dos oficios distintos.
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Aquí va el criterio completo para elegir amoladora angular: qué corta cada diámetro, por qué los vatios engañan, cómo el disco manda más que la máquina y a quién directamente no le compensa comprar una. Si estás montando el taller desde cero, esta decisión conviene tomarla junto a la de sierra circular: entre las dos cubren casi todo el corte de una casa.
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![]() | BLACK+DECKER Amoladora angular compacta con c… ★ 4.5 / 5 — 7.100 valoraciones | Ver precio |
![]() | Bosch PRO Amoladora GWS 880 ★ 4.6 / 5 — 6.600 valoraciones | Ver precio |

Bosch PRO Amoladora GWS 7-125

BLACK+DECKER Amoladora angular compacta con c…

Bosch PRO Amoladora GWS 880
115, 125 o 230 mm: qué corta de verdad cada amoladora
El diámetro del disco define dos cosas a la vez: cuánto puedes profundizar en un corte y cuánta máquina tienes que sujetar. Y la segunda importa tanto como la primera.
115 mm
La más ligera. Corta unos 28-30 mm de profundidad, que es suficiente para varilla roscada, perfil fino, azulejo, un tubo de fontanería o una reja. Se maneja con una mano en sitios estrechos. Es la que más gente debería comprar y la que menos se compra.
125 mm
El estándar del mercado. Profundiza unos 33-38 mm y tiene detrás el catálogo de discos más grande de todos, con diferencia. Pesa poco más que la de 115 y come casi lo mismo. Si solo vas a tener una, que sea esta.
230 mm
Máquina de obra. Pasa de 60 mm de profundidad y corta bordillo, ladrillo macizo, adoquín, chapa gruesa o una viga de perfil. Pesa entre 5 y 6 kg, se sujeta obligatoriamente con dos manos y su par de reacción es capaz de arrancártela de las manos. No es una amoladora de casa.
El error clásico es comprar la de 230 mm «por si acaso». El «por si acaso» en una amoladora se paga con un corte que no controlas: a mayor diámetro, mayor velocidad periférica en el borde del disco y más energía almacenada girando. Si tienes que cortar bordillo dos fines de semana en tu vida, esa es la herramienta que se alquila, no la que se compra.
Los vatios sí importan, pero no para lo que crees
La potencia no cambia lo que corta la máquina: eso lo fija el disco. Lo que cambia la potencia es si el motor se ahoga a mitad de pasada. Una de 500 W con disco de 115 mm corta perfectamente una varilla, pero se para si la aprietas contra un perfil de 5 mm. Una de 900 W con el mismo disco hace ese mismo corte sin bajar de vueltas.
La lectura práctica por tramos, y es la única que hace falta:
- 500-750 W: trabajos cortos y esporádicos. Cortar un tornillo que sobra, repasar una soldadura, quitar óxido con un cepillo de alambre. Perfecta como primera máquina.
- 750-1.000 W: el punto dulce en 115 y 125 mm. Aguanta el disco de láminas y el corte continuado en metal sin quejarse.
- 1.200-1.500 W: a partir de aquí ya estás pagando por trabajar seguido, no por cortar más. Tiene sentido si vas a desbastar o a cortar mucho hormigón.
Las revoluciones sí son un dato a mirar, pero al revés de como se lee: casi todas las de 115 y 125 mm giran a 11.000-12.000 rpm porque el disco de ese diámetro está homologado para esa velocidad. Lo relevante es lo contrario: nunca montes un disco cuya velocidad máxima impresa sea inferior a las rpm de tu máquina. Ese número viene escrito en la etiqueta del propio disco y es la primera cosa que hay que leer.

Einhell TC-AG 115 (115 mm, 500 W)
Entrada honesta: 500 W, disco de 115 mm y 12.000 rpm, con bloqueo de husillo y cabezal de aluminio. Para cortar varilla, repasar un canto o quitar óxido de vez en cuando sobra. Si vas a desbastar seguido, se queda corta. Valoración media de 4,3 sobre más de 3.900 opiniones.
Las funciones que sí valen dinero
Hay tres detalles que separan una amoladora incómoda de una que da gusto usar, y ninguno aparece en el titular de la caja:
- Protección contra rearranque. Si se va la luz o desenchufas con el gatillo bloqueado, la máquina no arranca sola al volver la corriente. Es una función de seguridad, no un extra.
- Arranque suave. El motor sube de vueltas en medio segundo en vez de dar el tirón. En una de 230 mm es directamente obligatorio; en una de 125 evita que la máquina se te vaya al empezar el corte.
- Protector regulable sin llave. Vas a moverlo constantemente para cambiar de corte a desbaste. Si hace falta un destornillador cada vez, acabarás trabajando con el protector mal puesto, que es exactamente como se producen los accidentes.
Lo que no compensa pagar en una máquina de casa: pantallas, selectores de revoluciones de seis posiciones y maletines rígidos. Si necesitas guardar bien la herramienta, se resuelve mejor con un carro de herramientas o con almacenaje en pared que con el maletín que trae de origen.
El disco manda más que la máquina
Este es el mensaje que ninguna ficha de tienda te da: una máquina normal con el disco correcto corta mejor que una máquina cara con el disco equivocado. Los cuatro tipos que cubren todo lo que vas a hacer.
Disco de corte abrasivo fino (1-1,6 mm)
Para metal y acero inoxidable. Cuanto más fino, menos calor mete en la pieza y menos rebaba deja. Se consume: es un artículo de recambio, no una compra única.
Disco de desbaste (6-7 mm)
Para quitar material y repasar cordones de soldadura. No se usa para cortar: es grueso y el corte se atasca.
Disco de diamante
Para hormigón, azulejo, gres, ladrillo y piedra. El segmentado corta rápido y basto; el de banda continua corta más lento pero deja el canto del azulejo limpio.
Disco de láminas
Es lija montada en disco. Sustituye al desbaste cuando quieres afinar sin comerte la pieza, y es el puente natural hacia el lijado con orbital cuando la superficie ya está plana.

Bosch, 10 discos de corte inox/metal de 125 mm
Discos finos de corte para acero y acero inoxidable, en el diámetro estándar de 125 mm con agujero de 22,23 mm. Se compran en pack porque son consumible: la diferencia entre cortar bien y quemar la pieza está aquí, no en la máquina. Valoración media de 4,5 sobre más de 7.800 opiniones.
Y jamás se monta un disco de tronzar madera con dientes de sierra en una amoladora de mano libre: es la combinación que más lesiones graves produce en este tipo de herramienta.

S&R, disco de diamante de 125 mm (segmento de 10 mm)
El disco de diamante segmentado para hormigón, piedra y ladrillo. Se compra bueno una vez y dura años, al contrario que el abrasivo. Para azulejo y gres conviene el de banda continua, que deja el canto más limpio. Valoración media de 4,5 sobre más de 8.500 opiniones.
Con cable o a batería
La amoladora es de las herramientas donde el cable sigue teniendo argumentos. Corta con la misma fuerza durante horas, cuesta menos y no se queda sin batería a mitad de faena. La de batería tiene una ventaja concreta y muy real: trabajar donde no hay enchufe —una valla, un portón, el coche en la calle— y no arrastrar un cable por encima del disco.
Si ya tienes herramientas de una marca a batería, la amoladora del mismo sistema es una compra fácil porque reutilizas baterías y cargador. Si vas a empezar de cero, el orden lógico es al revés: elige la plataforma de batería pensando en el taladro y el atornillador, que son las máquinas que más vas a mover, y compra la amoladora con cable.
Seguridad: la parte que no es negociable
No es un párrafo de relleno. Una amoladora angular gira a más de 11.000 rpm con un disco que puede romperse, y el rebote se produce en menos tiempo del que tardas en reaccionar.
- Gafas de protección siempre, incluso para un corte de tres segundos. Las chispas de corte de metal son partículas incandescentes.
- Nunca sin protector. Si te estorba, es que está mal orientado: el protector va entre el disco y tu cara, no encima del disco.
- La pieza, sujeta. Si la pieza se mueve, el disco se agarra y la máquina salta. Un tornillo de banco o unos sargentos valen más para tu seguridad que 300 W de más.
- Deja que el disco se pare solo y revisa su caducidad: los abrasivos aglomerados llevan fecha impresa y pierden cohesión con los años.
A quién no le compensa comprar una amoladora
Si tu lista de tareas es colgar cuadros, montar muebles y apretar tornillos, no necesitas amoladora. Necesitas un buen taladro, un juego de herramienta de mano decente y un nivel láser para que las baldas queden rectas. La amoladora entra en escena cuando aparece el metal o la obra: cortar una varilla roscada a medida, recortar un azulejo, quitar óxido de una verja, repasar una soldadura.
Y si el trabajo es puntual y grande —levantar un bordillo, abrir una roza larga—, la de 230 mm es máquina de alquiler. La de casa es la de 125 mm, con un disco de corte de metal, uno de diamante y unas gafas al lado. Con eso resuelto, la siguiente compra que de verdad cambia el taller es la de corte de madera o el acabado, según lo que hagas más.
Preguntas frecuentes sobre la amoladora angular
¿Compro la de 230 mm por si acaso?
No. Pesa entre 5 y 6 kg, obliga a sujetarla con dos manos y su par de reacción es capaz de arrancártela. Es máquina de obra: si hay que cortar bordillo dos fines de semana en la vida, esa se alquila. La de casa es la de 125 mm.
¿Los vatios cambian lo que puedo cortar?
No: eso lo fija el disco. La potencia decide si el motor se ahoga a mitad de pasada. En 115 y 125 mm, el tramo de 750 a 1.000 W es el punto cómodo para el disco de láminas y para el corte continuado en metal.
¿Puedo montar un disco de sierra de madera?
No, y menos en una amoladora de mano libre: es la combinación que más lesiones graves produce con esta herramienta. Antes de montar cualquier disco, lee la velocidad máxima impresa en su etiqueta: nunca puede ser inferior a las rpm de la máquina.
¿Qué discos necesito si solo quiero tener dos?
Uno de corte abrasivo fino para metal y uno de diamante para azulejo, gres, ladrillo y hormigón. Con esos dos y unas gafas se resuelve casi todo lo que aparece en una casa; el de láminas entra después, cuando hay que afinar sin comerse la pieza.
¿Me hace falta si solo cuelgo cuadros y monto muebles?
No. Para eso mandan un buen taladro, un juego de herramienta de mano decente y un nivel para que las baldas queden rectas. La amoladora entra en escena cuando aparece el metal o la obra: cortar varilla, recortar un azulejo, quitar óxido, repasar una soldadura.
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